sábado, 7 de abril de 2012

La última cena


A Leonardo Da Vinci le llevó siete años completar su famosa obra titulada: "La Última Cena". Las figuras que representan a los doce apóstoles y a Jesús fueron tomadas de personas reales.

La persona que sería el modelo para ser Cristo fue la primera en ser seleccionada. Cuando se supo que Da Vinci pintaría esta obra, cientos de jóvenes se presentaron ante Leonardo Da Vinci para ser seleccionados. Da Vinci buscaba un rostro que mostrara una personalidad inocente, pacífica y a la vez bella. Buscaba un rostro libre de las cicatrices y los rasgos duros que deja la vida intranquila del pecado.

Finalmente, después de algunos meses de búsqueda seleccionó a un joven de 19 años de edad como su modelo para pintar la figura de Jesús. Por seis meses Leonardo da Vinci trabajó para lograr pintar al personaje principal de esta magnánima obra. Durante los seis siguientes años, Da Vinci continúo su obra buscando a las personas que representarían a once apóstoles; dejando para el final a aquel que representaría a Judas, el apóstol que traicionó a Cristo por 30 monedas de plata.

Por semanas estuvo Da Vinci buscando a un hombre con una expresión dura y fría. Un rostro marcado por cicatrices de avaricia, decepción, traición, hipocresía y crimen. Un rostro que identificaría a una persona que sin duda alguna traicionaría a su mejor amigo. Después de muchos fallidos intentos en la búsqueda de este modelo llego a los oídos de Leonardo Da Vinci que existía un hombre con estas características en el calabozo de Roma.

Este hombre estaba sentenciado a muerte por haber llevado una vida de robo y asesinatos. Da Vinci viajó a Roma en cuanto supo esto. Este hombre fue llevado a la vista de Da Vinci a la luz del sol.

Leonardo Da Vinci vio a un hombre sin vida; un hombre cuyo maltratado cabello largo caía sobre su rostro escondiendo dos ojos llenos de rencor, odio y ruina. Al fin Leonardo Da Vinci había encontrado a quien modelaría a Judas en su obra.

Por medio de un permiso del rey, este prisionero fue trasladado a Milán al estudio de Leonardo Da Vinci. Por varios meses este hombre se sentó silenciosamente frente a Da Vinci mientras el artista continuaba con la ardua tarea de plasmar en su obra al personaje que había traicionado a Jesús.

Cuando Leonardo dio el último trazo a su obra se volvió a los guardias del prisionero y les dio la orden de que se lo llevaran. Mientras salían del recinto de Da Vinci el prisionero se soltó y corrió hacia Leonardo Da Vinci gritándole: "Da Vinci ¡Obsérvame! No reconoces quién soy". Leonardo Da Vinci lo estudió cuidadosamente y le respondió: "Nunca te había visto en mi vida, hasta aquella tarde fuera del calabozo de Roma".

El prisionero levantó sus ojos al cielo, cayo de rodillas al suelo y gritó desesperadamente: "¡Oh Dios, tan bajo he caído!"

Después volvió nuevamente su rostro al artista y le gritó: "Leonardo Da Vinci, mírame nuevamente pues... yo soy aquel joven cuyo rostro escogiste para representar a Cristo hace siete años".

¿Tanto podrá cambiar el rostro de un hombre por el tipo de vida que lleva? Tengamos cuidado en que nunca llegue el día en que ni nosotros mismos nos acordemos de quién somos.

La Resurrección puesta a nuestro alcance


“Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, así también traerá Dios con Jesús a los que durmieron en Él”, 1 Tesalonicenses 4:14.

La resurrección de nuestro Señor Jesucristo es la base y el fundamento del cristianismo, sin resurrección el cristianismo sería otra religión vana, humana e inoperante. Jesús está vivo, en este mismo instante en que usted está leyendo esta reflexión, Jesús está vivo y sentado a la diestra del Padre. Pero, lo más maravilloso de la resurrección de Cristo es que Él no es el único que resucitó, sino que nosotros también pasaremos por esta misma experiencia de la resurrección.

Espiritualmente, nosotros ya hemos resucitado con Él: “Si, pues, habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios” (Colosenses 3:1); “(...) sepultados con Él en el bautismo, en el cual fuisteis también resucitados con Él, mediante la fe en el poder de Dios que le levantó de los muertos” (Colosenses 2:12). Observemos las palabras del apóstol Pablo: habéis resucitado, fuisteis resucitados. Los verbos están conjugados en pasado, lo que indica que el apóstol está hablando de algo que ya ha sucedido; y esto establece claramente que la resurrección se recibe primeramente por la fe en Cristo y es esa fe la que determina la resurrección futura del cuerpo.

Desde el día cuando aceptamos a Jesús como el Salvador y Señor de nuestra vida, hemos resucitado, hemos pasado de muerte a vida. ¡La mayor parte de nuestra resurrección ya se ha producido! estamos a la espera de que nuestro cuerpo terrenal, en el cual vivimos, sea transformado a la semejanza del cuerpo de gloria de nuestro Señor Jesucristo. ¿Cuándo será esto? En el glorioso día de la resurrección de entre los muertos: “He aquí, os digo un misterio: No todos dormiremos; pero todos seremos transformados, en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta; porque se tocará la trompeta, y los muertos serán resucitados incorruptibles, y nosotros seremos transformados” (1 Corintios 15:51-52).

¿No es maravilloso el mensaje de la Palabra de Dios? Fíjese en estas palabras: “Porque si creemos que Jesús murió y resucitó”. Esta declaración tan sencilla pone a nuestro alcance algo tan grande como la eterna resurrección. Dios nos ha abierto las puertas de la vida por medio de una fe sencilla en nuestro Señor Jesucristo, y en su victoria sobre el pecado y sobre la muerte. Ningún fundador de ninguna religión se ha enfrentado a la muerte venciéndola, ya que todos murieron y quedaron atrapados por la muerte. Sin embargo, nuestro Señor Jesucristo se enfrentó a la muerte, la venció, y al tercer día dejó la tumba vacía.

Esta victoria de Cristo está puesta a nuestro alcance, no hay que pagar, no hay que mercadear, no es por méritos propios, es simplemente por medio de la fe en la muerte y en la resurrección de nuestro Señor Jesucristo.

La fe está al alcance de todo ser humano, no importa su raza, sus conocimientos intelectuales, todos pueden creer, todos están capacitados para ejercitar esta fe. Este es el medio que Dios ha establecido para acceder al perdón de los pecados y a la resurrección de entre los muertos. Por lo mismo, el no creer a Dios y en su Palabra es el agravio, la ofensa, el pecado más grande que se pueda cometer delante de Dios.

Amado, si todavía usted no ha ejercitado la fe en la muerte y en la resurrección de entre los muertos del Señor Jesucristo, entonces grande será su pesar por no haberlo hecho. Ahora usted tiene la oportunidad de creer, y recibir el perdón de sus pecados así como la vida y la inmortalidad. Hermano, ¿está usted enfriándose en la fe? Esta es hora de afirmarse en lo que creyó y gustó en cuanto al Señor. Dios les bendiga.

jueves, 5 de abril de 2012

¿Podemos estar seguros de que Jesús murió en una cruz?


Todos los Evangelios del Nuevo Testamento informan que Jesús fue crucificado y murió por esa causa. ¿Hay suficientes pruebas que garanticen la precisión de estos informes?

La expiatoria muerte y resurrección de Jesús es la doctrina principal del cristianismo. Si alguno de estos sucesos no ocurrió, el cristianismo predicado por los apóstoles es falso. Porque si Jesús no murió en la cruz, no hay muerte expiatoria por nuestros pecados, como enseña el Nuevo Testamento. Además, como el término "resurrección" se refiere a la transformación de un cadáver en un cuerpo inmortal, si Jesús no murió, no hubo cuerpo que transformar.

Sin resurrección, el cristianismo sería falso. El apóstol Pablo ensañaba: "Si Cristo no resucitó, vuestra fe es vana" (1 Corintios 15:17). Los evangelios registran también a Jesús diciendo que su resurrección serviría como prueba de la verdad de sus afirmaciones sobre sí mismo (Mateo 12:39-40; Juan 2:18-22).

Entonces, según Jesús y Pablo si la resurrección de Jesús no ocurrió, es tiempo de encontrar otra forma de ver la vida. En consecuencia, como la resurrección demanda muerte, la de Jesús por crucifixión es un vínculo que no puede romperse si hemos de considerar el cristianismo como verdadero.

En este artículo, presentamos cuatro razones para creer que Jesús murió por crucifixión.

1).- La ejecución de Jesús está registrada en muchas fuentes antiguas: cristianas y no cristianas. Además de los cuatro evangelios y varias de las cartas contenidas en el Nuevo Testamento, todo lo cual fue escrito en el siglo primero, muchas fuentes antiguas no cristianas reportan la muerte de Jesús. Flavio Josefo (final del siglo I), Tácito (principio del siglo II), Luciano de Samosata (del principio a la mitad del siglo II) y Mara bar Serapión (segundo o tercer siglo) todos registran el suceso. El hecho de que estos no cristianos hayan mencionado a Jesús en sus escritos muestra que la muerte de Jesús fue conocida en círculos externos al cristianismo, y que no fue algo inventado por los cristianos.

2).- Las probabilidades de sobrevivir a la crucifixión son muy escasas. La crucifixión, y la tortura que algunas veces la precedía, puede haber sido la peor forma de morir en la antigüedad. Muchas fuentes antiguas la describen, incluyendo a Flavio Josefo, historiador judío del primer siglo, quien cuenta sobre un hombre flagelado tan severamente que su carne fue cortada hasta el hueso (La Guerra de los Judíos 6:304. Ver también 2:612; Antigüedades 12:256). En otra parte informa que un grupo fue azotado hasta dejar sus intestinos expuestos (La Guerra de los Judíos 2:612). En un texto del siglo II titulado "El Martirio de Policarpo, se dice que el látigo romano exponía las venas y arterias de la persona (Martirio de Policarpo 2:2). Luego, la víctima era llevada fuera de los muros de la ciudad, donde los soldados la empalaban con clavos a una cruz o un árbol (Una abrumadora mayoría de fuentes antiguas menciona el uso de clavos para empalar a los castigados a una cruz o un árbol. Como el evangelio de Juan menciona el uso de clavos en la crucifixión de Jesús [20:25, 27] y Lucas lo deja entrever [24:39], no hay buenas razones para pensar que Jesús no haya sido clavado a la cruz). Ahí la dejaban colgando con un dolor atroz. En el siglo I, un filósofo romano llamado Séneca describió a las víctimas crucificadas como cuerpos vacíos, maltratados, ineficaces, mutilados, desfigurados, deformes, perforados y "jalando el aliento vital entre una larga agonía" (Séneca, Epístolas "A Lucilio" 101).

Existe solamente un relato de alguien que sobrevivió a la crucifixión. Flavio Josefo informó haber visto cuando crucificaban a tres de sus amigos (Flavio Josefo, Vida, 420-21). Rápidamente apeló a su también amigo, el comandante romano Tito, quien ordenó que los tres fueran bajados inmediatamente y recibieran el mejor tratamiento médico que Roma podía ofrecer. A pesar de esta acción, murieron dos de los tres. Por tanto, aunque Jesús hubiera recibido asistencia médica tras un retiro prematuro de la cruz, sus oportunidades de sobrevivir habrían sido poco prometedoras. Aun así, no existen pruebas de que Jesús haya sido bajado mientras aún estaba vivo o de que haya recibido atención médica de ningún tipo, mucho menos la mejor disponible en Roma.

3).- Las opiniones médicas profesionales son unánimes en concluir que Jesús ciertamente murió como resultado de la crucifixión (Muchas de ellas se mencionan en el segundo volumen de La Muerte del Mesías, Raymond Brown [Nueva York: Doubleday, 1994]). Aunque persiste cierto debate respecto a las causas específicas de muerte relacionadas con la crucifixión, la mayoría opina que Jesús murió por asfixia (o falta de oxígeno). Nuestra comprensión histórica de la crucifixión apoya dicha conclusión. Muchas fuentes antiguas hacen referencia a la costumbre de quebrar las piernas para acelerar la muerte en la cruz (Cicerón, Oraciones, Discurso 13, 12:27; Evangelio de Pedro 4:14. En el Evangelio de Pedro se prohíbe quebrar las piernas para que la víctima crucificada sufra por más tiempo). ¿Cómo puede esto apresurar la muerte? Dos amigos míos dirigen la sala de emergencias de dos hospitales metropolitanos (Dr. Jim Ritchie y Dr. Jack Mason). Pregunté a cada uno si existen razones médicas que aceleren la muerte de una víctima de crucifixión al quebrar sus piernas. Contestaron que existen algunas posibilidades, pero ciertamente muy remotas. ¿Entonces en qué forma se acelera la muerte de un crucificado al quebrar sus piernas?

Durante la Primera y Segunda Guerra Mundial, los alemanes solían torturar a sus víctimas mediante una práctica llamada "aufbinden". Las ataban por las muñecas y las levantaban hasta que con esfuerzo apenas pudieran alcanzar el piso con los dedos de los pies. Cuando se cansaban se relajaban, y les era difícil respirar. Como los músculos utilizados para inhalar son más fuertes que los utilizados para exhalar, el bióxido de carbono se acumulaba y la víctima moría de forma incómoda. Experimentos con voluntarios suspendidos revelaron que no es posible permanecer consciente en esa posición por más de doce minutos si los brazos tienen un ángulo de 45 grados o menos. Al quebrar las piernas de un crucificado, se evitaba que empujara hacia arriba contra el clavo de los pies (un movimiento que resultaba dolorosísimo) para respirar con mayor facilidad, al menos temporalmente. En la opinión de mis dos amigos médicos de sala de emergencias, debido al trauma que experimentó por la misma crucifixión, una vez muerto por falta de oxígeno, y habiendo permanecido en esa posición durante cinco minutos, habría sido imposible reanimarlo. Además, el Evangelio de Juan informa que uno de los guardias perforó a Jesús para confirmar que estuviera muerto (Juan 19:34-37), práctica mencionada igualmente por Quintiliano, historiador romano del siglo I (Declamationes maiores 6:9: "En cuanto a los que mueren en la cruz, el verdugo no prohíbe el entierro de quienes han sido atravesados").

¿Existe alguna razón para creer que los romanos hayan deseado acelerar la muerte de Jesús en la cruz? Flavio Josefo, célebre historiador judío del siglo primero, menciona que antes de que los romanos destruyeran Jerusalén en el año 70 d.C., los judíos tenían la costumbre de bajar a los crucificados de sus cruces y enterrarlos antes de la puesta del sol (Guerra Judía 4:317). Existen informes de un crucificado que vivió tres días en la cruz, y de personas abandonadas en la cruz mucho tiempo después de su muerte para que sirvieran de alimento a pájaros, perros e insectos. Sin embargo, esta práctica no se seguía en Jerusalén antes de su destrucción en el año 70 d.C. Jesús fue crucificado en el año 30 ó 33 d.C. Entonces tenemos una muy buena razón para creer que los romanos se aseguraron que Jesús muriera antes de la puesta del sol el día que fue ejecutado.

4).- Si Jesús hubiese logrado sobrevivir de alguna manera a la crucifixión, los discípulos no habrían creído que había resucitado. Hay muchas pruebas históricas de que Jesús murió crucificado. Lo atestiguan muchas fuentes antiguas, algunas de las cuales no son cristianas y, por lo tanto, no se inclinan hacia la interpretación cristiana de los hechos. Las probabilidades de sobrevivir a la crucifixión eran muy leves. La opinión médica unánime es que Jesús definitivamente murió debido a los rigores de la crucifixión, y aunque hubiera logrado sobrevivir, los discípulos no habrían creído que había resucitado.

Aún el muy escéptico co-fundador del Seminario de Jesús, Juan Dominic Crossan, concluye: "Que [Jesús] fue crucificado es tan seguro como cualquier dato histórico puede ser" (John Dominic Crossan. Jesús: Una Biografía Revolucionaria [San Francisco: HarperCollings, 1991], 145). Luego, en tres ocasiones en el mismo libro, Crossan afirma que este suceso provocó la muerte de Jesús. Similarmente, el crítico ateo del Nuevo Testamento Gerd Lüdemann escribe: "La muerte de Jesús a consecuencia de la crucifixión es indiscutible" (Gerd Lüdemann. La Resurrección de Cristo [Amherst, NY: Prometheus, 2004, 50]). Por lo tanto, dada la avasalladora evidencia a favor de la muerte de Jesús por crucifixión, sin pruebas palpables de lo contrario, los historiadores deben concluir que Jesús fue crucificado y murió en el proceso.

Jesús sufrió la más dolorosa y dura pena capital



Jesús sufrió una de las formas más dolorosas y duras de pena capital jamás imaginada. Expertos médicos, historiadores y arqueólogos han examinado en detalle la ejecución que Jesucristo voluntariamente soportó.

“Despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores, experimentado en quebranto; y como que escondimos de Él el rostro, fue menospreciado, y no lo estimamos. Ciertamente llevó Él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido.

Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él y por su llaga fuimos nosotros curados.

Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino; mas Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros. Angustiado Él, y afligido, no abrió su boca, como cordero fue llevado al matadero; y como oveja delante de sus trasquiladores, enmudeció, y no abrió su boca.” Isaías 53:3-7.

Todos coinciden en que Él sufrió una de las formas más duras y dolorosas de pena capital jamás imaginada por el hombre. He aquí un breve sumario de algunas cosas que sabemos de la historia, la arqueología y la medicina acerca de sus últimas horas...

UN SUFRIMIENTO INTENSO, INCLUSO ANTES DE QUE SE INICIARA LA VEJACIÓN

Jesús tenía el peso del mundo sobre sus hombros. Incluso antes de que la crucifixión empezara Él mostraba claramente síntomas físicos relacionados con un intenso sufrimiento. La noche antes de la ejecución sus discípulos dicen haber visto a Jesús en agonía sobre el Monte de los Olivos.

No tan sólo no durmió en toda la noche, sino que parece haber estado sudando abundantemente... tan grande era el sufrimiento, que pequeños vasos sanguíneos se rompían en sus glándulas sudoríparas y emitían gotas rojas tan grandes que caían al suelo (Lucas 22:44). Este síntoma de intenso sufrimiento se llama hematohidrosis.

Jesús estaba físicamente agotado y en peligro de sufrir un colapso si no recibía líquidos (lo cual aparentemente no sucedió). Este es el hombre al cual los soldados romanos torturaron.

TORTURADO Y AZOTADO CON LÁTIGOS ROMANOS

Habiendo pasado por manos judías, ahora era el turno de los romanos. Se sabe que los golpes  infringidos por los soldados romanos, eran muy sangrientos, dejando heridas por todo el cuerpo.

Los romanos diseñaban sus látigos para cortar la carne de los cuerpos de sus víctimas. Estos golpes fueron creados para ser dolorosos hasta el extremo. También causaría una concentración de líquido alrededor de sus pulmones. Además, una corona de espinas fue impuesta sobre su cuero cabelludo la cual era capaz de irritar gravemente los nervios más importantes de su cabeza, causando un dolor cada vez más intenso y muy agudo, a medida que las horas pasaban.

En el estado de sufrimiento de Cristo, estos golpes eran suficientes para matarle.

SU CUERPO ESTABA HORRIBLEMENTE MAGULLADO, CORTADO Y SANGRANTE. TRAS NO HABER TENIDO NINGÚN ALIMENTO DURANTE MUCHAS HORAS, Y DESPUÉS DE HABER PERDIDO LÍQUIDOS POR MEDIO DE ABUNDANTES HEMORRAGIAS, JESÚS ESTARÍA GRAVEMENTE DESHIDRATADO. ESTA TORTURA BRUTAL CIERTAMENTE LE HABRÍA LLEVADO A LO QUE LOS MÉDICOS LLAMAN COLAPSO (SHOCK), Y EL COLAPSO MATA.

Además, Jesús fue obligado a cargar con el travesaño de madera sobre el cual moriría. ¡Imagine el efecto de llevar con una carga pesada si usted estuviera en esa condición!

CRUCIFIXIÓN

Al ser colgado completamente desnudo ante la multitud, el dolor y el daño causado por la crucifixión fue concebido para ser tan sumamente intenso que uno anhelaría constantemente la muerte, pero podría perdurar días sin ningún desahogo.

Según el Dr. Frederick Zugibe, la perforación del nervio medio de las manos por un clavo puede causar un dolor tan increíble que ni siquiera la morfina sería de ayuda, un dolor intenso, ardiente, horrible, como relámpagos atravesando el brazo hacia la médula espinal. La ruptura del nervio plantar del pie con un clavo tendría un efecto así mismo horrible.

Además, la posición del cuerpo sobre una cruz pesada hace extremadamente difícil la respiración.

Frederick Farrar describe el efecto torturador pretendido: Porque de hecho una muerte por crucifixión parece incluir todo lo que el dolor y la muerte puedan tener de horrible y espantoso: vértigo, calambres, sed, inanición, falta de sueño, fiebre, tétano, vergüenza, publicación de la vergüenza, larga duración del tormento, horror de la anticipación, mortificación de las heridas no cuidadas; todo intensificado hasta el punto en el que puede ser soportado, pero llegando hasta un poco por debajo del punto que daría al suficiente el consuelo de la inconsciencia.

Un médico lo ha llamado “una sinfonía del dolor” producida por cada movimiento, con cada inspiración; incluso una pequeña brisa sobre su piel podría causar un dolor intenso en ese momento.

El médico, Dr. Frederick Zugibe, cree que Cristo murió de un colapso debido a la pérdida de sangre y líquido, más un choque traumático por sus heridas, además de una sacudida cardiogénica que causó que el corazón de Cristo sucumbiera.

En la hora novena (el instante en el cual un cordero  era sacrificado cada día en el templo judío), Jesús clamó a gran voz, diciendo, “Eloi, Eloi, ¿lama sabactani?” que traducido es “Dios mío, Dios mío, ¿Por qué me has abandonado?” Y poco después murió tras decir “Todo está cumplido”. Más o menos en ese momento es probablemente cuando se hacía sonar el cuerno de carnero sacerdotal ese día, anunciando que el sacerdote había completado el sacrificio del cordero por los pecados de Israel.

También en ese momento, la grande y gruesa cortina que cerraba el lugar Santísimo se desgarró de arriba a abajo. Marcos 15:34 y Mateo 27:46.

James Thompson cree que Jesús no murió por agotamiento, ni por los golpes o por las tres horas de crucifixión, sino que murió por agonía de la mente la cual le produjo el rompimiento del corazón. Su evidencia viene de lo que sucedió cuando el soldado romano atravesó el costado izquierdo de Cristo. La lanza liberó un chorro repentino de sangre y agua (Juan 19:34). No tan solo prueba esto que Jesús ya estaba muerto cuando fue traspasado, sino que Thompson cree que ello también es una evidencia del rompimiento cardíaco. El renombrado fisiólogo Samuel Houghton cree que tan solo la combinación de crucifixión y ruptura del corazón podría producir este resultado.

Cerca del fin, un criminal junto a Él se burló, “Si tú eres el Cristo, sálvate a ti mismo y a nosotros”. Poco sabía este pecador que el hombre al cual él hablaba estaba colgado allí voluntariamente.

Jesús permaneció en su agonía y vergüenza, no porque era impotente, sino por su increíble amor por la humanidad.

Llega celebración de Semana Santa en Jerusalén a su máximo fervor


Las celebraciones de Semana Santa entraron hoy en Jerusalén en su momento de mayor fervor con las ceremonias en los lugares por los que pasó Jesús, entre ellos el de la Agonía y el huerto donde fue detenido por los romanos: Getsemaní.

"Sentimos su agonía, su pasión, las mismas que él debió afrontar sabiendo su suerte, la de que tenía que cargar con los pecados de toda la humanidad", dijo Belén Ramírez, una española que como tantos otros peregrinos visita la iglesia de las Naciones en Jerusalén.

A pocos metros de esa iglesia, conocida como de la Agonía y edificada hace unas décadas con donaciones de varios países, está el Huerto de Getsemaní, el olivar milenario donde Jesús fue delatado por Judas y arrestado por los romanos antes de la Crucifixión el Viernes Santo.

Como la iglesia de las Naciones, Getsemaní, la Tumba de la Virgen María o el más alejado Cenáculo, que está al otro lado de la ciudad vieja, miles de peregrinos visitan los lugares sagrados de Jerusalén para conocer de cerca la historia de la Semana Santa.

"Me lo imaginaba de otra manera. Es bonito, pero tenía la impresión de que estaría más adornado con objetos religiosos y cruces, lámparas", manifiesta Irene Valenzuela, una devota originaria de Chile.

Los latinoamericanos son uno de los principales grupos que por tradición visita Tierra Santa en este período, pero la crisis económica parece haber afectado también al peregrinaje y su presencia se redujo.


Fuente:Mundocristiano

Manuscrito catalán del siglo XIV muestra en Nueva York el Éxodo de Egipto


Un manuscrito hebreo del siglo XIV y de origen catalán, que narra a través de ilustraciones el éxodo de los israelitas tras su salida de Egipto, podrá verse en el Museo Metropolitano de Arte de Nueva York (Met) hasta el 30 de septiembre.

El manuscrito, propiedad de la Universidad de John Rylands, en Manchester (Reino Unido), está iluminado con episodios bíblicos relacionados con el éxodo del pueblo judío, como la llamada de Moisés, el paso del Mar Rojo o las diez plagas.

El documento, conocido como "Hagadá", es el usado en el ritual de la cena de Pesaj (Pascua judía), con la que se conmemora la liberación del pueblo de Israel como esclavo de Egipto, una gesta encabezada por Moisés y que dio inicio al posterior deambular durante décadas por el desierto del Sinaí.

El que ahora se presenta en Nueva York contiene representaciones de ceremonias medievales celebradas en Cataluña en el siglo XIV para preparar esta cena.

Cada mes, hasta el 30 de septiembre, la "Hagadá" será abierta por una página distinta para que los visitantes del museo tengan la oportunidad de seguir la historia del éxodo hebreo, que será explicada el 11 de abril por el profesor Marc Michael Epstein en una conferencia sobre el significado político y religioso del manuscrito.

Esta "Hagadá" es el último de una serie de tres manuscritos hebreos ilustrados que, en el último año, se han prestado a las galerías medievales del Met, uno procedente de Washington y el otro de Lisboa. EFE


Fuente:aurora-israel.co.il

Jordania: Israel y palestinos reanudan el diálogo de paz

Israel y los palestinos han reanudado las conversaciones de paz, con mediación de Jordania, tras superar el punto muerto en el que estaban, anunció el ministro jordano de Exteriores Nasser Judeh.

"Lo que necesitamos es ver a los palestinos e israelíes moverse a negociaciones directas para abordar los asuntos para una solución definitiva con vistas al establecimiento de un Estado palestino viable e independiente con Jerusalén Este como capital", declaró Judeh.

El ministro no dio más detalles, pero el diario progubernamental Jordan Times apunta, según fuentes del Ministerio jordano de Exteriores, que el propio Judeh fue anfitrión de una reunión entre el responsable negociador palestino Saeb Erekat y su homólogo israelí Itzjak Moljo.

Jordania ha acogido cinco rondas de conversaciones exploratorias entre la Autoridad Palestina (AP) e Israel, que no lograron la reanudación de las conversaciones directas de paz, suspendidas desde septiembre de 2010. EFE


Fuente:aurora-israel.co.il