martes, 10 de abril de 2012

Israel celebra durante siete días el bíblico Éxodo de Egipto (Pesaj)



ISRAEL.- El pan y otros productos fermentados con levadura desaparecieron hoy de tiendas y escaparates (excepto en las ciudades de mayoría árabe) por una estricta prescripción religiosa judía que prohíbe consumir estos productos durante Pesaj (la pascua hebrea).
La mayoría de los ciudadanos no consumirán durante los próximos días ningún alimento que contenga trigo, avena, cebada, centeno o espelta (escanda) fermentados con levadura, con el fin de recordar el episodio bíblico del Éxodo en el que, liderados por Moisés, escaparon del yugo egipcio hace 3.500 años a toda prisa y sin tiempo para cocer sus panes.

La tradición judía entiende como "leudante" la mezcla de agua durante más de dieciocho minutos con alguno de esos cinco cereales.

Los más tradicionalistas entre los judíos Ashkenazies (originarios de Europa central y oriental) rechazarán también consumir otros alimentos que leudan, denominados "kitniot", como el arroz, el mijo, el maíz y legumbres como las lentejas y los porotos (también llamados frijoles, habichuelas o judías).
Durante la próxima semana y hasta que finalice la Pascua, en restaurantes y hogares se consumirá solo pan ázimo, llamado en hebreo "matzá", una masa crujiente que se prepara sólo con harina y agua y se introduce en el horno inmediatamente después de mezclarse.

"Y guardaréis la fiesta de los panes ázimos. Por siete días no se hallará levadura en vuestras casas; porque cualquiera que comiere leudado, sea extranjero o natural del país, será borrado de la congregación de Israel", ordena el segundo libro de la Torá (Pentateuco).

En muchos barrios de Jerusalén y otras ciudades del país se han celebrado las tradicionales hogueras donde los más religiosos queman los últimos restos de pan, que tampoco podrán ver, oler ni tocar en los próximos días.

En los hogares más religiosos, esta semana ha tenido lugar una escrupulosa limpieza para acabar con cualquier miga que pudiera existir y, los que no tienen una vajilla y cubertería especial para usar durante la Pascua, deben esterilizar esos utensilios para poder emplearlos en este periodo.

La mayoría de panaderías cerrará durante una semana y las empresas y organismos que tienen pan y cereales en sus despensas realizan una venta simbólica de los mismos a un no judío (habitualmente, un musulmán o cristiano), porque también es pecado el hecho de ser poseedor del proscrito producto.

Además de los religiosos, gran parte de los judíos seculares cumple con esta tradición, que lleva a los extranjeros y a los no observantes a comprar o ir a comer a las zonas árabes o a acumular pan en sus congeladores antes de que éste prácticamente desaparezca del país. EFE/


Fuente:AcontecerCristiano.net

¿De qué murió Jesús?


Expertos médicos, historiadores y arqueólogos han examinado en detalle la ejecución que Jesucristo voluntariamente soportó. Todos coinciden en que sufrió una de las formas más duras y dolorosas de pena capital jamás imaginada por el hombre.

El sufrimiento intenso empezó antes de que se iniciara la vejación. Jesús tenía el peso del mundo sobre sus hombros; incluso antes de que la crucifixión empezara, mostraba claramente síntomas físicos relacionados con un intenso sufrimiento.

La noche anterior a la ejecución sus discípulos dicen haber visto a Jesús en "agonía" sobre el Monte de los Olivos; no tan solo no durmió en toda la noche, sino que parece haber estado sudando abundantemente. Tan grande era el sufrimiento que había pequeños vasos sanguíneos que se rompían en sus glándulas sudoríficas y emitían gotas rojas tan grandes que caían al suelo (véase Lucas 22:44). Este síntoma de intenso sufrimiento se llama hematohidrosis.

Jesús estaba físicamente agotado y en peligro de sufrir un colapso si no recibía líquidos. Este es el Hombre al cual los soldados romanos torturaron. Antes de la crucifixión, Cristo oró en el Jardín del Getsemaní; el discípulo y médico Lucas señaló lo siguiente: "Y estando en agonía, oraba más intensamente; y era su sudor como grandes gotas de sangre que caían hasta la tierra." (Lucas 22:44). Esto fue escrito por Lucas, un hombre bien educado y un observador cuidadoso de profesión. Lucas es también el único escritor que menciona el sudor de sangre, posiblemente debido a su interés como médico en este raro fenómeno fisiológico.

De acuerdo con el Dr. Frederick Zugibe, Jefe Examinador Médico del Condado de Rockland, Nueva York, a pesar de que esta dolencia es poco frecuente, es bien conocido y ha habido muchos casos de la misma. Alrededor de las glándulas sudoríparas, hay múltiples vasos sanguíneos

en un formulario a modo de red; bajo la presión de una gran tensión, los vasos se contraen; luego, cuando la ansiedad pasa a los vasos sanguíneos, se dilatan hasta el punto de ruptura. La sangre entra en las glándulas sudoríparas y a medida que éstas producen sudor, la sangre brota a la superficie en forma de gotas.

¿Cuál era la fuente de estrés y angustia de Jesús? Es evidente que estaba en una intensa agonía. Siendo el Hijo de Dios conocía en detalle todo lo que estaba a punto de sucederle. Sabía que estaba físicamente frente a una de las formas más horribles de la pena capital. Su cuerpo era humano y sentía lo mismo que cualquier hombre o mujer sometido a los mismos castigos. ¿Fue este el origen de su estrés severo? Es dudoso.

El peso más grande sobre Jesús era el conocimiento de que pronto asumiría todos los pecados del hombre e iba a sufrir una forma de infierno destinado a los pecadores perdidos.

Jesús podría haber evitado todo esto y simplemente desaparecer; podría haber utilizado una legión de ángeles para protegerlo; podría haber hecho su piel impenetrable. Podría haber anestesiado su dolor, pero eligió hacer ninguna de estas cosas. Más bien, voluntariamente escogió ser "herido por nuestras transgresiones" y "molido por nuestros pecados" para que pudiera pagar por nuestros pecados y sufrir la muerte humana.

"Mas Él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre Él, y por su llaga fuimos nosotros curados… Angustiado Él, y afligido, no abrió su boca; como cordero fue llevado al matadero; y como oveja delante de sus trasquiladores, enmudeció, y no abrió su boca" (Isaías 53:5, 7).

LOS AZOTES

Fueron tres los momentos claves y de mayor sufrimiento a los que Jesús fue sometido: Los castigos que daban los romanos: la flagelación era un preliminar legal para toda ejecución romana. Desnudaban la parte superior del cuerpo de la víctima, lo sujetaban a un pilar poco elevado, con la espalda encorvada, de modo que al descargar sobre ésta los golpes, nada perdiesen de su fuerza y golpeaban, sin compasión y sin misericordia alguna. El instrumento usual era un azote corto (flagrum o flagellum) con varias cuerdas o correas de cuero, a las cuales se ataban pequeñas bolas de hierro o trocitos de huesos de ovejas a varios intervalos.

De este modo, cuando los soldados azotaban repetidamente y con todas sus fuerzas las espaldas de su víctima, las bolas de hierro causaban profundas contusiones y hematomas. Los huesos de oveja desgarraban la piel y el tejido celular subcutáneo. Al continuar los azotes, las laceraciones cortaban hasta los músculos, produciendo tiras sangrientas de carne desgarrada, lo que creaba las condiciones para producir una pérdida importante de líquidos (sangre y plasma). Hay que tener en cuenta que la hematidrosis (sudoración de sangre) había dejado la piel muy sensible en Jesús.

LA CORONA DE ESPINAS

En el estado de sufrimiento de Cristo, tras los crudos golpes que habían sido suficientes para matarlo, se agravó con la inserción de las espinas, profundas, en su cabeza. Su cuerpo ya estaba magullado, cortado y sangrante, y siguiendo las Escrituras y los dichos de los Apóstoles, no había tenido ningún alimento durante muchas horas, lo que se habría agravado por la pérdida de líquidos tras las abundantes hemorragias. Eso hizo suponer que Jesús estaría gravemente deshidratado. Esta tortura brutal ciertamente le habría llevado a lo que los médicos llaman colapso o shock.

Cuentan las Escrituras, que al momento de la "coronación" congregaron a toda la corte conformada por entre 400 y 600 hombres para burlarse de Él. Allí lo desnudaron, lo hicieron sentar sobre cualquier banco de piedra, le echaron en las espaldas una capa corta color grana y le encasquetan la corona de espinas con fuerza sobre la cabeza, le pusieron una caña por cetro en la mano derecha y empieza la farsa… "¡Salve, Rey de los judíos! Y le golpeaban en la cabeza con una caña, y lo escupían, y puestos de rodillas le hacían reverencias. Después de haberlo escarnecido, lo desnudaron…" (Marcos 15:15-20; Mateo 27:26-31; Juan 19:1-3).

La palabra "corona" ha inducido a pensar en un cerco de espinas en torno a la cabeza, tal como lo presentan los crucifijos, pero la frase empleada por Marcos al igual que Juan es: "Plexantes stephanon ex acanthon… epethekan epi tes kefales autou", lo que significaría según los investigadores: "Entretejiendo una corona de espinas que pusieron sobre su cabeza". Estas espinas de una planta local se entretejían alrededor de la cabeza horizontalmente de la frente a la nuca pasando por encima de las orejas.

CRUCIFIXIÓN

El efecto principal de la crucifixión, aparte del tremendo dolor que presentaba en sus brazos y piernas, era la marcada interferencia con la respiración normal, particularmente en la exhalación. El peso del cuerpo jalado hacia abajo, con los brazos y hombros extendidos, tendían a fijar los músculos intercostales a un estado de inhalación y por consiguiente afectando la exhalación pasiva. De esta manera la exhalación era primeramente diafragmática y la respiración, muy leve. Esta forma de respiración no era suficiente y pronto produjo retención de CO2 (hipercapnia).

Para poder respirar y ganar aire, Jesús tenía que apoyarse en sus pies, tratar de flexionar sus brazos y después dejarse desplomar para que la exhalación se produjera. Pero al dejarse desplomar le producía igualmente una serie de dolores en todo su cuerpo.

El desarrollo de calambres musculares o contracturas tetánicas debido a la fatiga y la hipercapnia afectaron aún más la respiración. La exhalación adecuada requería que se incorporara el cuerpo, empujándolo hacia arriba con los pies y flexionando los codos, aductando los hombros. Esta maniobra colocaría el peso total del cuerpo en los tarsales y causaría un tremendo dolor. Más aún, la flexión de los codos causaría rotación en las muñecas en torno a los clavos de hierro y provocaría enorme dolor a través de los nervios lacerados. El levantar el cuerpo rasparía dolorosamente la espalda contra el estipe (la madera vertical de la cruz donde quedaba apoyada la espalda). Como resultado de eso, cada esfuerzo de respiración se volvería agonizante y fatigoso, eventualmente llevaría a la asfixia y finalmente a su fallecimiento.

EL LANZAZO

Era costumbre de los romanos que los cuerpos de los crucificados permaneciesen largas horas pendientes de la cruz, a veces hasta que entraban en putrefacción o las fieras y las aves de rapiña los devoraban.

Por lo tanto, antes de que Jesús muriese, los príncipes de los sacerdotes y sus colegas del Sanedrín pidieron a Pilato que, según la costumbre romana, mandase rematar a los ajusticiados, haciendo que se le quebrasen las piernas a golpes. Esta bárbara operación se llamaba en latín crurifragium (Juan 19:31-37).

Las piernas de los ladrones fueron quebradas, mas al llegar a Jesús y observar que ya estaba muerto, renunciaron a golpearlo, pero uno de los soldados, para mayor seguridad, quiso darle lo que se llamaba el "golpe de gracia" y le traspasó el pecho con una lanza.

Por esta sangre y por esa agua que salieron del costado, los médicos han concluido que el pericardio (saco membranoso que envuelve el corazón) debió ser alcanzado por la lanza, o que se pudo ocasionar la perforación del ventrículo derecho, o tal vez había un hemopericardio postraumático, o representaba fluido de pleura y pericardio, de donde habría procedido la efusión de sangre l

CAUSAS DE LA MUERTE

Después de sufrir la flagelación, el largo vía crucis y la dolorosa crucifixión, Jesucristo murió de asfixia, insuficiencia cardiaca aguda y finalmente un infarto al miocardio, pero si hubiera necesidad de realizar una ficha o informe final de las causas clínicas de su fallecimiento, serían al menos diez los diferentes aspectos médicos que le causaron la muerte.

El médico Frederick Farrar describe el efecto torturador pretendido: "una muerte por crucifixión parece incluir todo lo que el dolor y la muerte puedan tener de horrible y espantoso, vértigo, calambres, sed, inanición, falta de sueño, fiebre, tétano, vergüenza, publicación de la vergüenza, larga duración del tormento, horror de la anticipación, mortificación de las heridas no cuidadas..."

Un médico lo resumió como "una sinfonía del dolor" producida por cada movimiento, con cada inspiración, incluso una pequeña brisa sobre su piel podría causar un dolor intenso en ese momento.

Zugibe cree que Cristo murió de un colapso debido a la pérdida de sangre y líquido, más un choque traumático por su heridas, además de una sacudida cardiogénica que causó que el corazón sucumbiera.

James Thompson cree que Jesús no murió por agotamiento, ni por los golpes o por las 3 horas de crucifixión, sino que murió por agonía de la mente, la cual le produjo el rompimiento del corazón. Su evidencia viene de lo que sucedió cuando el soldado romano atravesó el costado izquierdo de Cristo. La lanza liberó un chorro repentino de sangre y agua (Juan 19:34). Esto no solo prueba que Jesús ya estaba muerto cuando fue traspasado, sino que Thompson cree que ello también es una evidencia del rompimiento cardíaco.

El renombrado fisiólogo Samuel Houghton cree que tan solo la combinación de crucifixión y ruptura del corazón podría producir este resultado. Cualquiera que fuere la causa final de la muerte, no hay duda de que fue dolorosa más allá de lo descriptible con la palabra.

Cerca del fin, cuentan las Escrituras, un criminal crucificado junto a Él se burló: "Si tú eres el Cristo, sálvate a ti mismo y a nosotros" (Lucas 23:39). Quizás, no sabía que el hombre al cual él hablaba estaba colgado allí voluntariamente.

Jesús permaneció en su agonía y vergüenza, según la fe, no porque era omnipotente, sino por su increíble amor por la humanidad. Sufrió para crear el camino necesario para la salvación de todos, de quienes creen en Él o no.

sábado, 7 de abril de 2012

Dos Reinos


Pues si por la transgresión de uno solo reinó la muerte, mucho más reinarán en vida, por uno solo, Jesucristo, los que reciben la abundan­cia de la gracia y del don de la justicia. Romanos 5:17.

El versículo de hoy habla de dos reinos. El primer reino es el de la muerte; entró por Adán. Si lees en Génesis 5, el capítulo de las generaciones de Adán, verás que hay una dramática repetición de la expresión “Y murió”. Todos murieron porque, con la caída de Adán, entró el reino del pecado y, consecuentemente, la muerte.

Pero, Pablo afirma que también por uno, esto es, por Jesús, entró el reino de la justicia y de la vida. Nota que Pablo coloca la vida como un sinónimo de la justicia: justicia es vida; vida plena, exuberante. Jesús dijo: “Yo he veni­do para que tengan vida, y la tengan en abundancia”.

¿Cómo se consigue esa vida abundante? O, mejor, ¿qué es la vida abun­dante? Romanos 5:19 trae la respuesta: “Porque así como por la desobedien­cia de un hombre los muchos fueron constituidos pecadores, así también, por la obediencia de uno, los muchos serán constituidos justos”. Pablo co­rrelaciona la desobediencia con la muerte, y la obediencia con la vida. Es de lamentar que el ser humano piensa que obedecer le quita libertad y que, sin libertad, no puede vivir la vida abundante.
Dios piensa de otra forma: lo que te quita la libertad, te hace infeliz y te lleva a la muerte no es la obediencia, sino el pecado, o desobediencia. Tal vez por eso, la palabra “pecado”, en el idioma griego, es amartía. Significa “errar el blanco”.

Te olvidas de la voluntad de Dios, echas a un lado su santa Ley; escoges tus propios caminos, tratando de ser feliz. ¿Y cuál es el resultado? La muerte, la infelicidad, la desesperación: yerras el blanco. Pero, entonces, viene Jesús y obedece; y, por su obediencia, trae la vida, y te ofrece su justicia y su vida abundante. Pero, esta vida abundante involucra obediencia; sin ella, volverías de nuevo al reino de la muerte.

Vivir o morir: ¡esa es la cuestión! Decidir o no decidir; entrar o salir; correr a los brazos de Jesús o huir de él. ¿Qué harás? Antes de responder, recuerda: “Pues si por la transgresión de uno solo reinó la muerte, mucho más reinarán en vida, por uno solo, Jesucristo, los que reciben la abundancia de la gracia y del don de la justicia”.

DIOS TE BENDIGA,

Cumbre Nacional de Líderes Juveniles en Panamá


Se contó con la participación de líderes juveniles de las diferentes provincias del territorio panameño desde Bocas del Toro y Chiriquí, frontera con Costa Rica, hasta la provincia de Darién, frontera con Colombia.

Del viernes 23 al domingo 25 de marzo se llevó a cabo la Segunda Cumbre Nacional de Líderes Juveniles bajo el lema: "Liderazgo con Visión". Se contó con la participación de líderes juveniles de las diferentes provincias del territorio panameño desde Bocas del Toro y Chiriquí, frontera con Costa Rica, hasta la provincia de Darién, frontera con Colombia.

Desde la apertura de esta actividad Dios estuvo ministrando con la unción de su Espíritu Santo; el Rev. Epifanio Asprilla, Presbítero y

Oficial Nacional estuvo a cargo de la disertación de la poderosa Palabra del Señor en donde motivó a la juventud a servir a Dios en todas las áreas de la Obra.

El día sábado en la mañana se inició con un glorioso ayuno, luego continuó con una serie de talleres alusivos al liderazgo cristiano efectivo. Se concluyó con un llamado al altar a las 5 de la tarde.

A las 6:30 de la tarde se inició con un culto poderoso que fue caracterizado por el mover del Espíritu Santo. A pesar de ser un día maratónico en todo momento hubo una disposición de alabar y bendecir el nombre del Señor. La Hna. Isabel de Ramírez, pastora en la Iglesia de la Primavera estuvo a cargo del mensaje, quien contó su testimonio de como el Señor la llamó a servir en el ministerio.

Cientos de jóvenes compungidos por la Palabra de Dios pasaron al altar para hacer un pacto de servicio con el Señor. El día domingo se culminó con un ayuno y con un taller final práctico en donde cada líder de tribu planificó un calendario anual con los líderes que componen su zona. Se hizo el anuncio de una nueva zona "Merari" liderada por la Hna. Catalina Valencia en Bocas del Toro

En conclusión podemos decir que todos los presentes en esta Segunda Cumbre de Líderes fueron marcados por Dios. Sin duda habrá frutos abundantes de esta gloriosa actividad.

¿Resucitó Jesús de entre los muertos?


Uno de los sucesos más atestiguados del mundo antiguo es la resurrección de Jesucristo de entre los muertos. La resurrección de Jesús es el meollo, el corazón de la fe cristiana. En la enseñanza de Cristo la resurrección jamás está separada de la crucifixión. Las dos forman un conjunto redentor (Mateo 16:21; 20:19; Marcos 8:31; 9:31; 10:34; Lucas 24:26; Juan 10:17, 18).

¿RESUCITÓ JESÚS EN REALIDAD? ¿ES EN REALIDAD IMPORTANTE QUE LO HAYA HECHO?

Sí importa al cristianismo que sea verdad o no que Cristo haya resucitado de entre los muertos, porque el cristianismo se sostiene o derrumba por la resurrección de Jesucristo (1 Corintios 15:12-19). Si Jesús no resucitó de entre los muertos, entonces la fe cristiana se derrumba.

Afortunadamente, uno de los sucesos más atestiguados del mundo antiguo es la resurrección de Jesucristo de entre los muertos. Cuando se enfrentaba a los líderes religiosos de su tiempo, se le pidió a Jesús  una señal que demostrara que Él era el Mesías prometido.

Él respondió: “La generación mala y adúltera demanda señal; pero señal no le será dada, sino la señal del profeta Jonás. Porque como estuvo Jonás en el vientre del gran pez tres días y tres noches, así estará el Hijo del Hombre en el corazón de la tierra tres días y tres noches” (Mateo 12:39,40).

La señal de la resurrección tenía el propósito de distinguir a Jesús de cualquier otra persona que hubiera vivido jamás, y presentarlo como el Hijo de Dios (Romanos 1:4).

Los relatos de sus apariciones fueron escritos para nosotros por testigos oculares a quienes se apareció Jesús vivo durante un período de cuarenta días después de su crucifixión pública. Como lo afirma el relato de las Escrituras, a estos “después de haber padecido, se presentó vivo con muchas pruebas indubitables, apareciéndoseles durante cuarenta días y hablándoles acerca del reino de Dios.” (Hechos 1:3).

Al escribir cerca del 56 d.C., el apóstol Pablo menciona el hecho de que más de quinientas personas habían visto a Cristo resucitado en una ocasión, y la mayoría de ellos todavía estaban vivas cuando él escribió (1 Corintios 15:6). Esta declaración es como un reto para los que no creyeran. Pues Pablo dice que todavía había personas vivas, a quienes podían entrevistar para saber si Cristo había resucitado en realidad.

Las evidencias históricas son más que suficientes para satisfacer la curiosidad del investigador sincero. Esto se puede ver no sólo en la defensa positiva que se puede hacer del caso de la resurrección, sino también en la falta de evidencias de cualquier otra explicación. Las teorías que tratan de dar otra explicación de la resurrección requieren más fe para creer en ellas que la resurrección misma.

Frank Morrison, quien fuera periodista agnóstico, trató de escribir un libro para refutar la resurrección de Cristo. Después de mucha investigación, su opinión cambió y se convirtió en un creyente en Jesucristo. Así describió Morrison lo que pasó:

“Este estudio es en ciertos modos tan extraño y tan interesante que el escritor considera deseable decir aquí brevemente cómo llegó el libro a la forma presente. En cierto sentido, no podía haber tenido otra forma, pues es en esencia una confesión, la historia íntima de un hombre que al principio se propuso escribir un tipo de libro y se vio obligado por la misma fuerza de las circunstancias a escribir otro”.

“No es que los hechos hayan cambiado, pues están registrados de forma imperecedera en los monumentos y las páginas de la historia humana. Sin embargo, la interpretación que se iba a dar a los hechos sufrió un cambio” (Who Moved the Stone?, ¿Quién movió la piedra?, Prefacio, Zondervan, 1971).

Morrison descubrió que Cristo fue puesto en la tumba en público el viernes, pero el domingo por la mañana el cuerpo había desaparecido. Si Él no resucitó de los muertos, entonces alguien se llevó el cuerpo. Hay tres grupos interesados que podrían haberse llevado el cuerpo: los romanos, los judíos o los discípulos.

Los romanos habrían tenido razón para hurtar el cuerpo, pues querían mantener la paz en Palestina. La idea era mantener las provincias tan calmadas como fuera posible, y el robo del cuerpo de Cristo no habría logrado tal objetivo.

Los judíos no habrían tomado el cuerpo, porque la última cosa que ellos querían era una proclamación de su resurrección. Ellos fueron los que pidieron la guardia, según Mateo 27.

Los discípulos de Jesús no tenían razón para hurtar el cuerpo, y si lo hicieron, murieron después por algo que sabían que no era cierto. Además, la religión que ellos proclamaban hacía hincapié en decir la verdad, no mentiras. Sus hechos no habrían estado de acuerdo con lo que sabían que era verdad y les mandaban a otros que hicieran.

La otra explicación lógica es que Cristo haya resucitado, y los testigos oculares aclaran que ese es el caso. Puede ser que los discípulos de Jesús no fueran avanzados como el hombre moderno en lo científico, pero con seguridad sabían distinguir entre un muerto y un vivo.

Como dijo Simón Pedro: “Porque no os hemos dado a conocer el poder y la venida de nuestro Señor Jesucristo siguiendo fábulas artificiosas, sino como habiendo visto con nuestros propios ojos su majestad” (2 Pedro 1:16).

Los relatos de sus apariciones fueron escritos por testigos oculares a quienes se apareció Jesús vivo durante un período de cuarenta días después de su crucifixión pública. “Después... se presentó vivo con muchas pruebas indubitables...” Hechos 1:3.

¿Resucitó Jesús después de tres días?


¿Cómo pudo haber permanecido Jesús en la tumba tres días y tres noches, si Él fue crucificado el viernes y resucitó el domingo?

Jesús dijo en Mateo 12:39, 40, leemos: “La generación mala y adúltera demanda señal; pero señal no le será dada, sino la señal del profeta Jonás. Porque como estuvo Jonás en el vientre del gran pez tres días y tres noches, así estará el Hijo del Hombre en el corazón de la tierra tres días y tres noches.”

Los relatos de su muerte y resurrección que presentan los evangelios de Mateo, Marcos, Lucas y Juan indican que Jesús fue crucificado y enterrado el viernes, antes de la puesta del sol, que es el principio del día siguiente para los judíos, y resucitó el primer día de la semana, que es nuestro domingo, antes de la salida del sol.

Esto pone a Jesús en la tumba durante parte del viernes, todo el sábado y parte del domingo. En otras palabras, dos noches completas, un día completo y parte de dos días, estuvo Él en la tumba. Como está claro que no son tres días completos de 24 horas, ¿tenemos conflicto con la profecía de Jesús en Mateo 12:40?

En Marcos 8:31 y Mateo 16:21, Jesús dijo: “Era necesario al Hijo del Hombre padecer mucho, y ser desechado por los ancianos, por los principales sacerdotes y por los escribas, y ser muerto, y resucitar después de tres días”, y “le era necesario ir a Jerusalén y padecer mucho... y ser muerto, y resucitar al tercer día.”

Jesús también, además del pasaje de Mateo 12:40, habló de su resurrección en Juan 2:19-22, declarando que sería levantado en tres días (no al cuarto día): “Respondió Jesús y les dijo: Destruid este templo, y en tres días lo levantaré. Dijeron luego los judíos: En cuarenta y seis años fue edificado este templo, ¿y tú en tres días lo levantarás? Mas Él hablaba del templo de su cuerpo. Por tanto, cuando resucitó de entre los muertos, sus discípulos se acordaron que había dicho esto; y creyeron la Escritura y la palabra que Jesús había dicho.”

Mateo 27:63 da peso a este uso idiomático. Después que los fariseos le hablan a Pilato de la predicción de Jesús diciendo: “Señor, nos acordamos que aquel engañador dijo, viviendo aún: Después de tres días resucitaré”, piden una guardia para asegurar la tumba hasta el tercer día.

Si la frase “después de tres días” no fuera intercambiable con “tercer día”, los fariseos habrían pedido una guardia para el cuarto día.

En el Antiguo Testamento también se puede ver que la expresión “un día y una noche” era empleada por los judíos para indicar un día, aunque se refirieran sólo a una parte del día.

Por ejemplo, en 1 Samuel 30:12,13 dice: “Porque no había comido pan ni bebido agua en tres días y tres noches” y en el versículo siguiente “me dejó mi amo hoy hace tres días”.

Con la misma claridad, Génesis 42:17 muestra este uso idiomático: “Entonces los puso juntos en la cárcel por tres días”; en el versículo 18, les habla y los deja libres: “Y al tercer día les dijo José: Haced esto, y vivid: Yo temo a Dios”.

Las frases “después de tres días” y “al tercer día” no son contradictorias, entre sí ni con Mateo 12:40, sino idiomáticas, intercambiables, modo común y claro de expresión entre los judíos.

Jesús sufrió la más dolorosa y dura pena capital


Jesús sufrió una de las formas más dolorosas y duras de pena capital jamás imaginada. Expertos médicos, historiadores y arqueólogos han examinado en detalle la ejecución que Jesucristo voluntariamente soportó.

“Despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores, experimentado en quebranto; y como que escondimos de Él el rostro, fue menospreciado, y no lo estimamos. Ciertamente llevó Él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido.

Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él y por su llaga fuimos nosotros curados.

Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino; mas Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros. Angustiado Él, y afligido, no abrió su boca, como cordero fue llevado al matadero; y como oveja delante de sus trasquiladores, enmudeció, y no abrió su boca.” Isaías 53:3-7.

Todos coinciden en que Él sufrió una de las formas más duras y dolorosas de pena capital jamás imaginada por el hombre. He aquí un breve sumario de algunas cosas que sabemos de la historia, la arqueología y la medicina acerca de sus últimas horas...

UN SUFRIMIENTO INTENSO, INCLUSO ANTES DE QUE SE INICIARA LA VEJACIÓN

Jesús tenía el peso del mundo sobre sus hombros. Incluso antes de que la crucifixión empezara Él mostraba claramente síntomas físicos relacionados con un intenso sufrimiento. La noche antes de la ejecución sus discípulos dicen haber visto a Jesús en agonía sobre el Monte de los Olivos.

No tan sólo no durmió en toda la noche, sino que parece haber estado sudando abundantemente... tan grande era el sufrimiento, que pequeños vasos sanguíneos se rompían en sus glándulas sudoríparas y emitían gotas rojas tan grandes que caían al suelo (Lucas 22:44). Este síntoma de intenso sufrimiento se llama hematohidrosis.

Jesús estaba físicamente agotado y en peligro de sufrir un colapso si no recibía líquidos (lo cual aparentemente no sucedió). Este es el hombre al cual los soldados romanos torturaron.

TORTURADO Y AZOTADO CON LÁTIGOS ROMANOS

Habiendo pasado por manos judías, ahora era el turno de los romanos. Se sabe que los golpes  infringidos por los soldados romanos, eran muy sangrientos, dejando heridas por todo el cuerpo.

Los romanos diseñaban sus látigos para cortar la carne de los cuerpos de sus víctimas. Estos golpes fueron creados para ser dolorosos hasta el extremo. También causaría una concentración de líquido alrededor de sus pulmones. Además, una corona de espinas fue impuesta sobre su cuero cabelludo la cual era capaz de irritar gravemente los nervios más importantes de su cabeza, causando un dolor cada vez más intenso y muy agudo, a medida que las horas pasaban.

En el estado de sufrimiento de Cristo, estos golpes eran suficientes para matarle.

SU CUERPO ESTABA HORRIBLEMENTE MAGULLADO, CORTADO Y SANGRANTE. TRAS NO HABER TENIDO NINGÚN ALIMENTO DURANTE MUCHAS HORAS, Y DESPUÉS DE HABER PERDIDO LÍQUIDOS POR MEDIO DE ABUNDANTES HEMORRAGIAS, JESÚS ESTARÍA GRAVEMENTE DESHIDRATADO. ESTA TORTURA BRUTAL CIERTAMENTE LE HABRÍA LLEVADO A LO QUE LOS MÉDICOS LLAMAN COLAPSO (SHOCK), Y EL COLAPSO MATA.

Además, Jesús fue obligado a cargar con el travesaño de madera sobre el cual moriría. ¡Imagine el efecto de llevar con una carga pesada si usted estuviera en esa condición!

CRUCIFIXIÓN

Al ser colgado completamente desnudo ante la multitud, el dolor y el daño causado por la crucifixión fue concebido para ser tan sumamente intenso que uno anhelaría constantemente la muerte, pero podría perdurar días sin ningún desahogo.

Según el Dr. Frederick Zugibe, la perforación del nervio medio de las manos por un clavo puede causar un dolor tan increíble que ni siquiera la morfina sería de ayuda, un dolor intenso, ardiente, horrible, como relámpagos atravesando el brazo hacia la médula espinal. La ruptura del nervio plantar del pie con un clavo tendría un efecto así mismo horrible.

Además, la posición del cuerpo sobre una cruz pesada hace extremadamente difícil la respiración.

Frederick Farrar describe el efecto torturador pretendido: Porque de hecho una muerte por crucifixión parece incluir todo lo que el dolor y la muerte puedan tener de horrible y espantoso: vértigo, calambres, sed, inanición, falta de sueño, fiebre, tétano, vergüenza, publicación de la vergüenza, larga duración del tormento, horror de la anticipación, mortificación de las heridas no cuidadas; todo intensificado hasta el punto en el que puede ser soportado, pero llegando hasta un poco por debajo del punto que daría al suficiente el consuelo de la inconsciencia.

Un médico lo ha llamado “una sinfonía del dolor” producida por cada movimiento, con cada inspiración; incluso una pequeña brisa sobre su piel podría causar un dolor intenso en ese momento.

El médico, Dr. Frederick Zugibe, cree que Cristo murió de un colapso debido a la pérdida de sangre y líquido, más un choque traumático por sus heridas, además de una sacudida cardiogénica que causó que el corazón de Cristo sucumbiera.

En la hora novena (el instante en el cual un cordero  era sacrificado cada día en el templo judío), Jesús clamó a gran voz, diciendo, “Eloi, Eloi, ¿lama sabactani?” que traducido es “Dios mío, Dios mío, ¿Por qué me has abandonado?” Y poco después murió tras decir “Todo está cumplido”. Más o menos en ese momento es probablemente cuando se hacía sonar el cuerno de carnero sacerdotal ese día, anunciando que el sacerdote había completado el sacrificio del cordero por los pecados de Israel.

También en ese momento, la grande y gruesa cortina que cerraba el lugar Santísimo se desgarró de arriba a abajo. Marcos 15:34 y Mateo 27:46.

James Thompson cree que Jesús no murió por agotamiento, ni por los golpes o por las tres horas de crucifixión, sino que murió por agonía de la mente la cual le produjo el rompimiento del corazón. Su evidencia viene de lo que sucedió cuando el soldado romano atravesó el costado izquierdo de Cristo. La lanza liberó un chorro repentino de sangre y agua (Juan 19:34). No tan solo prueba esto que Jesús ya estaba muerto cuando fue traspasado, sino que Thompson cree que ello también es una evidencia del rompimiento cardíaco. El renombrado fisiólogo Samuel Houghton cree que tan solo la combinación de crucifixión y ruptura del corazón podría producir este resultado.

Cerca del fin, un criminal junto a Él se burló, “Si tú eres el Cristo, sálvate a ti mismo y a nosotros”. Poco sabía este pecador que el hombre al cual él hablaba estaba colgado allí voluntariamente.

Jesús permaneció en su agonía y vergüenza, no porque era impotente, sino por su increíble amor por la humanidad.